¿La Maldicion de los Blogueros?

18.4.07

Leyendo a Enigmas Express me encuentro con una polémica iniciada por un tal Alonso Moleiro.
Molero evidencia su odio por los anónimos que escriben en la blogosfera, los llama vándalos en defensa de quienes escriben con su identidad, generaliza afirmando que todos los blogueros son unos sin oficios que se reproducen como cucarachas. Concluye que los blogueros son como semi dioses a los que no se les puede decir nada.

En fin, Alonso Moleiro aunque no nos dice el origen de su resentimiento, es un mortal herido por los blogueros. El odio con el que nos menosprecia sorprende, pero no más que su ignorancia por el mundo de los Weblogs. Maldición? No creo. Solo sentí confusión y lástima, el mismo que siento por otros blogueros, periodistas, analistas y opinólogos que escriben y dicen cosas que evidencian su profunda y vergonzosa ignorancia.

Artículo Original cortesía de Igvir de Cable a tierra:

Según Khandika El asunto pica y se extiende en los blogs:

Fran en Gotas: conversé con Alonso Moleiro
Cable a tierra: la maldición de los blogueros
El blog de Novato: Alonso Moleiro, we are the bloggers
Imakinaria: blogueros ¿una maldición?
Autoktonus: en mi casa no se habla mal
Juan carlos Chirinos:
Alonso Moleiro, periodismo y maldiciones blogueras
Topocho Blog Opina: Alonso Moleiro, revista contrabando
RomRod: el anónimo eres tú
Blogs, gonzo y el ataque ciudadano a los medios en Periodistas 21
Para leer texto completo,

¿La Maldicion de los Blogueros? Por: Alonso Moleiro.

La consolidación del periodismo ciudadano, la baza para la auténtica democratización de la información. Se suponía que con el desarollo de los blogs habia comenzado un interesante proceso para formar un nuevo tipo de sujeto social, participativo y razonablemente preocupado, en adelante familiarizado a tratar con responsabilidad contenidos informativos. Listo para ejercer una contraloría saludable frente a los antojos e intereses de las grandes empresas de la información

El poder, dicen por ahí, tiene que salir de la academia, debe desplazarse hacia el soberano, las masas anónimas tocadas por la beatitud que siempre lo administrarán on prudencia y sabidurí. la voz del pueblo es la voz de Dios. Al menos eso es lo que esta de moda.

Con los blogs se diversifican los puntos de vista y se han masificado los cerebros y el debate, pero además nace otra nueva plaga en el sórdido tejido de la informática: el bloguero. Un decente ciudadano que normalmente da los buenos dias en los ascensores, y que de noche, solo en una conjura con su computador como único testigo, pasa a convertirse en un pequeño patán que se siente tocado por una licencia especial para lavar sus miserias usando como coartada el ardir del anonimato.

Multiplicado por cinco, por diez y por cien, como cucarachas, cualquiera puede verlos: estos vándalos de la argumentación tienen como blanco favoritos al resto de los mortales. Particularmente, a los que dan la cara y sí firman los que escriben. Cómo no quieren decir cómo se llaman, los blogueros acudirán a los más pintorescos motes, casi todos alusivos al atributo que no poseen: el coraje. "Iracundo"; "Viva la Libertad"; "El nuevo Che Gueara"; "Pa´Bachaco, Chivo", "Me cago en Diez". Si se trata de personas conocidas, los más amorales intentarán mietizarse agrediendo a los demás con un nombre prestado. No hay argumento firmado, por respetable que sea o por desencaminado que ande, al cual no se le peguen atrás un puñado de oligofrénicos de este calibre: encomendados del señor, por encima del bien y mal, pobres diablos dueños de su verdad.

Es el tipo tonto que todos los días nos quiere demostrar que las regulaciones son imposibles de evadir y que la lucha por la libertad es un ejercico inútil. Nadie le dará un diploma a un bloguero por perder una mañana entera bañando de agravios personales a políticos, periodistas, sacerdotes, diplomáticos y economistas, vivos y muertos. Pero nadie perderá el tiempo enfrentándolos. Los blogueros son la gente: son todos y al mismo teimpo es nadie. Son las barras enloquecidas, anciosas de circo, hambientas de la carne de un cristiano. Es el soberano, que ha pagado su entrada para divertirse. Es el cliente, qu siempre tine la razón. Es el pueblo: un santo al que no se le puede ecir nada porque nunca se equivoca. A.M.

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1 comentario:

Roy Batty dijo...

semi dios? y yo que me creo un dios completo.

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